Un aguacero rompió la magia en la Judería

/ Celia Reyes / 23-03-2016 15:46:16

La Sagrada Expiración no pudo completar su Estación de Penitencia por un aguacero que generó confusión y rompió la cofradía en dos.

Doloroso martes santo el vivido ayer en el barrio de la Judería. La Hermandad de la Expiración se convirtió en la triste sufridora de una jornada marcada por la lluvia. Según cuentan sus hermanos, el pronóstico era totalmente fiable y aseguraban que a partir de las seis y cuarto de la tarde no había apenas riesgo de lluvia. Hasta tres partes según fuentes consultadas por este medio. Fue así como la Junta de Gobierno no se lo pensó dos veces y a las seis y cinco las puertas de la Iglesia de San Blas se abrieron de par en par para dejar paso a la cruz de guía. 

Mientras tanto, la gente, que esperaba en la plazuela, miraba al cielo temerosa, pues no auguraba una tarde serena. La salida aconteció sin problemas, con la emoción de cada Martes Santo, pero al llegar el palio al Raso de Santa Ana una llovizna, que al comienzo parecía leve, se fue intensificando hasta descargar en una tormenta que provocó el caos. 

Entretanto, unos metros más adelante, en el tramo del Cristo, la lluvia desató la confusión. Los nazarenos siguieron su recorrido habitual por la calle San Juan Grande, sin embargo, el Cristo acortó su recorrido siguiendo recto hasta llegar a la Puerta de Sevilla donde se encontraban sus nazarenos refugiados bajo el arco. Una vez allí, el Cristo esperó que los nazarenos de su tramo volviesen a colocarse ya que la Junta había decidido que volverían de regreso al templo por la Barbacana.

La plaza de San Blas, de nuevo abarrotada de gente, esperaba la llegada del Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores. Rostros cargados de tristeza, dolor y llanto que lograron transmitir la situación de quebranto que estaba viviendo la hermandad. Momentos difíciles, acertados o no, pero arropados por su barrio entre vítores y palmas. Es indudable que tomar este tipo de decisiones supone una responsabilidad indiscutible, y difícil es contentar a todos. Una decisión arriesgada que convirtió la tarde del martes santo en una jornada de corazones encogidos. 

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